Proyectos

CASA J&LM

ELOGIO A UNA VIDA PAUSADA


Esa noche sonó el teléfono. Había sido un día de esos (¿cómo decirlo sin que suene muy fatalista?) encapotados.

Llevábamos cuatro meses encerrados por la pandemia, con el pensamiento hecho una maraña: las incertidumbres no cesaban.

Nosotros, arquitectos metódicos, que siempre tenemos una ruta más o menos trazada, estábamos inmersos en el vacío.

Pero esa noche sonó el teléfono. Sonó, y la noche fue otra. Eran Joa y Luis Miguel. Nos llamaban para contarnos sobre un anhelo que les rondaba el pecho hacía mucho tiempo, una especie de chispa interna que no se aquietaba fácilmente.

Después de vivir durante diez años en Bogotá, con el trajín que implica una vida de ciudad, con el afán mundano y caótico, querían regresar a la raíz del árbol. Para eso nos llamaron, para que fuéramos los inventores de una granja orgánica, de unas cabañas eco, y de una casa; la de los dos. Un ecosistema completo: la tierra proporcionándoles el sustento, el turismo alegrándoles los días, la cotidianidad de ellos atravesada por la tranquilidad del mar. Esa chispa que no podían apagar, pasó a ser nuestra. Agradecimos, llorando, que existieran clientes como ellos: milagrosos, de energía diáfana, capaces de borrar angustias. Agradecimos que detrás de un auricular se fuera formando un hilo entre nuestras rutas. Agradecimos, días después, conocerlos, abrazarlos, hacernos equipo.


Fueron ellos nuestro timón. Nos guiaron por Riohacha, recorrimos el lugar; su tierra y su manglar, su aire y su viento ligeramente salteado, su fuego y su desierto árido, su agua y su mar: su cosmos completo, su esencia infalible. Hablamos de los días venideros, de cómo las manos de ellos y de otras personas nativas moldearán la arquitectura; no como un reto obligado sino como un tributo entre humanos-tierra. Hablamos de que los materiales que usaremos serán orgánicos. Es devolvernos al origen, al centro, a aquel punto del que nunca debimos irnos. Por eso, en técnica, acudimos al cuadrado que es la forma más simple, el lenguaje elemental. Al estar en esa orilla simple, contemplamos la grandeza de este proyecto como un remolino hondo y fuerte que nos envuelve para siempre. Entonces, volvemos a dar gracias, porque el epicentro del universo tiene el poder de traernos lo que le pedimos, porque en esa noche oscura vimos un pequeño reflector que ahora es el sol completo.


¿Qué hay detrás del elogio a la lentitud? La lucha de Joa y Luis Miguel por dejar un legado que honre el vínculo inseparable que hay entre la naturaleza y los seres humanos, el manifiesto fuerte de que hay que desacelerar nuestras acciones, la convicción de que respirar pausado es necesario. El viento no está hueco. Ondula y lleva mensajes. Desde aquí podemos sentir aquel que llega desde la costa colombiana: este pacto no es efímero, a este pacto lo sostienen todas las cosas que son eternas; el amor, el alma, los suspiros, la poesía.

ARQUITECTURA E INTERIORISMO

CATEGORÍA RESIDENCIAL

AÑO 2020

RIOHACHA-LA GUAJIRA

EN CONSTRUCCIÓN